A un mes del balotaje, Keiko Fujimori
y Pedro Castillo protagonizaron en la ciudad de Chota el primer debate, dejando
claro que estamos ante una disyuntiva: democracia o comunismo.
Tengo fe que en las próximas semanas se refleje
un fuerte repunte de Fujimori en las encuestas motivada por la elección razonable antepuesta a la incertidumbre que representa la opción
comunista de Castillo; aunque nada está dicho en un país en el cual durante los
últimos 20 años ha ganado el antifujimorismo.
Aclaro que esta disyuntiva no se reduce al cambio
o no de modelo económico sino a la continuación o no del sistema social y
político en el cual se hace énfasis en
la dignidad y libertad del ser humano frente al modelo comunista de Perú Libre que
somete la dignidad y libertad del ser humano al arbitrio de los jerarcas marxistas, leninistas y pensamiento Gonzalo
tal como quisieron hacer los terroristas con las armas en la década de los 80 y
90; y que hemos olvidado gracias a las políticas negacionistas de los “caviares”
no por nada Keiko dijo: “Hay que retirar de los textos escolares el término
guerra interna y llamarlo terrorismo”.
Este negacionismo, impulsado por
la “caviarada”, ha sido el derrotero de las políticas públicas en sectores claves
como Educación en el que tienen la
finalidad de remplazar la historia oficial
del terrorismo por una historia paralela en donde el único terrorismo es el del Estado.
Consecuencia de este adoctrinamiento es que hoy existe mucha confusión sobre el
Terrorismo, razón por la cual Perú Libre
con mucho desparpajo hace apología al Marxismo, Leninismo y pensamiento Gonzalo;
además, de cobijar en sus filas a presuntos terroristas como el candidato
electo al congreso Pedro Bermejo, confeso terrorista que mantendría vínculos
con los remanentes terroristas del VRAE según la Fiscalía o mantener vínculos
con MOVADEF, organización negacionista del terrorismo dedicada a buscar el armisticio
de los presos por terrorismo arguyendo que son presos políticos y pasando por
alto sus abominables crímenes, sólo comparables con los jeremes rojos de Pol
Pot en Camboya.
Ahora cabe preguntarnos ¿Cómo Perú Libre ganó
en primera vuelta y ahora encabeza las preferencias en segunda vuelta?, pienso
que se debe a tres motivos: la omisión de la objetivad de los medios de
comunicación el asesoramiento del G2
cubano y el voto antifujimorista que caviares como Veronika Mendoza se han
encargado de exacerbar, sustentado en falacias y presunciones que parten de hechos
inciertos; como la hipótesis de la Fiscalía que sindica a Keiko Fujimori como
cabecilla de una organización criminal dedicada a lavado de dinero y que a la
fecha no tiene prueba alguna actuada en un juicio ni confirmada en una sentencia
firme que demuestre su hipótesis; la cual hasta el momento carece de
suficientes indicios para formular acusación y pasar a la siguiente etapa del
proceso según la legislación Penal.
No podría decir lo mismo de Pedro Castillo, después
de haber amenazado el orden constitucional ofreciendo eliminar organismos como el
Tribunal Constitucional, el Jurado Nacional de Elecciones, la Defensoría del
pueblo e incluso, tal como señaló su vocera Zaira Arias, el Parlamento. Obviamente,
es natural que un marxista como Castillo abogue por la abolición de la
democracia liberal y su sustitución por una “democracia” comunista, debido a
que su razón de ser es su antagonismo al liberalismo. Antítesis que se
materializa en el sacrificio de la libertad individual por la voluntad general y es que, según Hayek, “la democracia como
institución esencialmente individualista que es, estaba en conflicto
irreconciliable con el socialismo”
Entonces advertidos estamos que Perú
Libre es el caballo de troya del comunismo para llegar al poder e imponer su sistema
político, económico y social utópico, tiránico e inviable que ha convertido a un
país rico como Venezuela en un país pobre y según el FMI, en el único en el
mundo con tasas de crecimiento negativas desde el año 2014 y consecuentemente, según el Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los Refugiados, con un éxodo de 4,5 millones de
venezolanos. Sin embargo, si seguimos relativizando con tanta ligereza al comunismo
y si nos dejamos llevar por el odio antifujimorista esa realidad que hoy vive
Venezuela será la nuestra.

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